Dismorfobia y Disforia de Género

Lo que debes saber

La dismorfobia es un trastorno mental de dismorfia corporal en el que la persona afectada se ve a sí misma como defectuosa o fea. A las personas que padecen este trastorno se les diagnostica clínicamente Trastorno Dismórfico Corporal (TDC).

Tanto las personas que presentan un trastorno dismórfico corporal como disforia de género, suelen realizar demandas de intervenciones médico-quirúrgicas.

El dilema se plantea cuando ambas entidades coexisten y no debe diagnosticarse el TDC si la preocupación se limita a molestias o al deseo de deshacerse de las características sexuales primarias o secundarias en una persona con malestar sobre su género.

El DSM-V, elimina el término trastorno y reemplaza el Trastorno de Identidad de Género por el de Disforia de género, con una sensación persistente de incomodidad y rechazo del sexo anatómico propio y un deseo persistente para librarse de los genitales propios y vivir como un miembro del otro sexo.

En el capítulo dedicado a la disforia de género, el DSM-V, plantea por primera vez en el diagnóstico diferencial que la DG y el TDC pueden coexistir:

Cuando la presentación en el sujeto cumpla los criterios de la disforia de género y de trastorno dismórfico corporal, se deben realizar ambos diagnósticos.

La Dismorfobia va más allá

La disconformidad de la persona con TDC no se limita a su aspecto físico, sino que va más allá, incluyendo la insatisfacción con los resultados de las intervenciones quirurgicas, que si las hubiera, suelen empeorar el tratorno.
El psiquiatra James Barrett (2007) describe en la literatura casos clínicos de personas biológicamente varones que, aunque en un principio le impresionaban como transexuales, posteriormente se estableció la preponderancia de la dismorfofobia sobre el transexualismo.

En estos casos, la dismorfofobia va dirigida contra los genitales y donde el sujeto solo realiza una demanda de amputación de pene y escroto, sin deseo de cambiar su rol de género.

Estos casos que no cumplen criterios de transexualismo, bien podrían incluirse en los denominados trastornos de la identidad de género no especificados, donde estarían las personas que presentan una preocupación persistente por la castración o la penectomía, sin deseo de adquirir las características sexuales del otro sexo

El mismo Barrett (2007) hace referencia a un grupo de personas que rechazan más los efectos de los esteroides sexuales que los órganos que los producen.

Unas veces le impresionaban más como trastorno de identidad de género y otras como dismorfofobia, estimando que era más un rechazo a la masculinidad que un deseo de feminización.

Muchos ya se habían autoadministrado antiandrógenos experimentando una mejora del bienestar. No mostraban otras características del transexualismo ni adoptaron un rol de mujer.

El ejemplo que desarrolla el autor es el de un travestismo que él define de doble rol y donde el sujeto realiza una demanda de reasignación pero la preocupación está mas centrada en los genitales, fundamentalmente era un rechazo a sus impulsos sexuales.

En estos casos si se les indica la posibilidad de realizar previamente la experiencia de la vida real, no serán capaces de llevarla a cabo.

Ante la persistencia del malestar por sus genitales se le diagnosticó de dismorfofobia y se le prescribió la hormona liberadora de la gonadotropina (GnRh). Al desaparecer su libido, mejoró considerablemente su malestar y disminuyeron sus pensamientos intrusivos de deshacerse de sus genitales.

En concecuencia entendemos que no siempre, queda clara la distinción entre el transexualismo y el travestismo, sobre todo el travestismo fetichista.

El rechazo a los genitales no es exclusivo en el transexualismo, además, el travestismo fetichista puede evolucionar hacia un transexualismo cuando desaparece o disminuye la excitación sexual.

Conclusiones:

Tanto las personas que presentan un TDC como DG suelen realizar demandas de intervenciones médico-quirúrgicas.

La experiencia clínica y las distintas investigaciones ponen de manifiesto que en los sujetos con TDC sometidos a distintos procedimientos cosméticos o a intervenciones quirúrgicas, no solo no mejora su malestar sino que, con frecuencia empeora.

A primera vista no parece complejo realizar un diagnóstico del TDC, sobre todo cuando se centra en una preocupación por la nariz, las orejas o los labios.

El problema se plantea cuando entra en juego el rechazo a los caracteres sexuales primarios o secundarios, más propio de la DG, y la situación se complica aún más cuando ambas entidades coexisten en distinto grado.

Cuando la persona presenta un TDC con DG se vé dificultada la labor del clínico. Esta complejidad hace necesaria la existencia de unidades especializadas en disforia de género.

El hecho de que para el TDC no estaría justificado el tratamiento médico-quirúrgico y sí para las personas con DG, sería un argumento a favor de la despatologización de la transexualidad.
El TDC es un trastorno del espectro obsesivo y las reintervenciones quirúrgicas pueden llegar a establecerse como una compulsión.

Pos lo tanto, la Disforia de Género quedaría fuera de los trastornos mentales al mejorar o incluso desaparecer, el malestar tras las intervenciones hormonales y quirúrgicas realizadas.

Referencias:

-American Psychiatric Association-APA (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales. 5ª ed. Washington, DC: APA.

-Barrett, J. (2007). Transsexual and other disorders of gender identity, a practical guide to management. Radcliffe Publishing Ltd.

1 Comentario

  1. Buen día. Junto con saludar me gustaría preguntarle ¿Donde puedo encontrar información sobre los «femboy » es decir, personas de género masculino que quieren feminizar su apariencia, pero no tienen rechazo a sus geniales ni quieren cambiar su identidad de género . se perciben como hermafroditas. Gracias.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos en Facebook o en Twitter